PDFTests Originals

Comprensión lectora – Test 1

C2 Maestría Comprensión lectoraEspañol

Este test de comprensión lectora de español de nivel C2 incluye tres textos originales de unas 550-600 palabras cada uno: una columna de opinión, un relato literario y una reseña crítica de un libro. Sus 20 preguntas de opción múltiple evalúan la comprensión global, los detalles, las inferencias, la actitud del autor y el vocabulario en contexto. Está pensado para estudiantes avanzados que preparan el DELE C2 u otros exámenes similares, y para profesores que necesitan una prueba lista para usar con la que evaluar la lectura en el nivel de maestría.

Preguntas
20
Tiempo
60 min
PDF
7 páginas
Soluciones
Incluidas
  • 100 % gratis
  • Sin registro
  • PDF A4 listo para imprimir
Vista previa de la página 1: Comprensión lectora – Test 1 Abrir PDF

Haz el examen en línea

Lee cada texto con atención y elige la respuesta correcta (A, B, C o D) para cada pregunta. Elige tus respuestas y pulsa «Comprobar respuestas».

Parte 1: Columna de opinión

Lee la columna periodística y responde a las preguntas 1-7.

Elogio del aburrimiento

Hubo un tiempo, no tan lejano, en que esperar era una actividad en sí misma. Se esperaba en la consulta del médico, en la parada del autobús, en la cola del banco, y en esa espera, sin más compañía que una revista atrasada o el techo desconchado, la mente hacía lo que mejor sabe hacer cuando nadie la vigila: divagar. Hoy esos intersticios han desaparecido. Basta un segundo de inactividad para que la mano, como movida por un resorte, busque el teléfono. No es que nos hayamos vuelto más impacientes —la impaciencia es tan antigua como el ser humano—, sino que hemos dejado de tolerar el vacío.

Conviene no caer en la nostalgia fácil. Quien añora las tardes interminables de la infancia suele olvidar que, en su momento, le parecían un castigo. El aburrimiento nunca fue agradable; precisamente por eso resultaba fértil. Era un malestar que empujaba a hacer algo, a inventar un juego, a garabatear en los márgenes de un cuaderno, a mirar por la ventana hasta que el paisaje empezaba a contar historias. La incomodidad, por así decirlo, era el precio de la imaginación.

Varios estudios de psicología han intentado medir este fenómeno. En uno de los más citados, se pedía a un grupo de voluntarios que realizara una tarea deliberadamente tediosa —copiar números de una guía telefónica— antes de enfrentarse a un ejercicio de creatividad. Los resultados sugerían que quienes se habían aburrido proponían ideas más originales que el grupo de control. Sería imprudente extraer de ahí conclusiones tajantes: los experimentos de laboratorio rara vez reproducen la complejidad de la vida. Pero apuntan a algo que muchos artistas intuían desde siempre, a saber, que la ociosidad no es lo contrario del trabajo creativo, sino a menudo su antesala.

Lo inquietante de nuestra época no es tanto que nos distraigamos como que lo hagamos de manera preventiva. Antes de que el tedio llegue a asomar, ya lo hemos sofocado con un vídeo, una notificación, un titular. Es como si tomáramos un analgésico antes de sentir el dolor, por si acaso. El resultado es una suerte de anestesia permanente que, si bien nos ahorra pequeños sinsabores, nos priva también de aquello que solo surge cuando la mente, desocupada, empieza a buscarse a sí misma.

No propongo, desde luego, arrojar los dispositivos al mar ni retirarse a una cabaña. Semejantes gestos heroicos suelen durar lo que tarda en llegar el primer correo urgente. Propongo algo más modesto y, quizá por ello, más difícil: recuperar pequeñas parcelas de espera. Dejar el teléfono en el bolsillo durante el trayecto en metro. Caminar sin auriculares. Permitir que un niño se queje de que no tiene nada que hacer sin correr a ofrecerle una pantalla. Soportar, en suma, unos minutos de nada.

Sé que la propuesta suena a sermón, y detesto los sermones. Por eso me limito a contar lo que me ocurrió el verano pasado, cuando una avería me dejó tres días sin conexión en un pueblo de montaña. El primer día lo pasé de mal humor; el segundo, inquieta; el tercero, sin saber muy bien cómo, empecé a escribir el cuento que llevaba años posponiendo. No sé si fue el aburrimiento o el aire de la sierra. Lo que sí sé es que, al volver la cobertura, sentí algo parecido a la pérdida.

  1. ¿Cuál es el propósito principal de la autora?

  2. Según el primer párrafo, lo que caracteriza a nuestra época es que...

  3. ¿Por qué advierte la autora contra la «nostalgia fácil»?

  4. ¿Qué actitud adopta la autora ante el estudio que menciona?

  5. En el tercer párrafo, la palabra «antesala» significa aquí...

  6. Con la imagen del analgésico, la autora critica que...

  7. ¿Qué se deduce del último párrafo?

Parte 2: Relato

Lee el relato y responde a las preguntas 8-14.

La biblioteca de Tomás

Ainhoa llegó a Puerto Albar a media tarde, cuando la marea baja dejaba al descubierto un cementerio de barcas varadas y el olor a algas lo impregnaba todo. Hacía casi veinte años que no pisaba el pueblo y, sin embargo, sus pies encontraron solos el camino hasta la casa de la cuesta, como si la memoria del cuerpo fuera más tenaz que la otra.

La llave seguía debajo de la maceta de geranios, ahora secos. Tomás nunca había sido hombre de cambiar costumbres, ni siquiera las que podían costarle un disgusto. Dentro, el aire tenía esa densidad de las casas cerradas, mezcla de polvo, papel y humedad. Ainhoa abrió las contraventanas una a una y la luz cayó sobre lo que había venido a ver: la biblioteca.

No era una biblioteca en el sentido ordenado del término. Los libros trepaban por las paredes, se amontonaban en las sillas, formaban columnas inestables junto a la chimenea. Su hermano había pasado cuarenta años acumulándolos con una voracidad que ella, en su juventud, había juzgado con severidad. «Lees para no vivir», le había dicho una vez, en una de aquellas discusiones que acababan siempre con un portazo. Tomás no le contestó. Se limitó a sonreír con esa media sonrisa que la exasperaba más que cualquier réplica.

El notario había sido claro: la casa y su contenido eran ahora suyos, y el ayuntamiento se había ofrecido a quedarse con los libros para la biblioteca municipal, siempre que ella los clasificara antes de fin de mes. Ainhoa, que había dedicado su vida profesional a traducir manuales técnicos, pensó que sería cuestión de una semana. Calculó mal.

El problema no era la cantidad, sino los márgenes. Tomás escribía en los libros. No subrayaba, como hace cualquiera, sino que conversaba con ellos: discutía con los autores, les corregía las fechas, anotaba recetas, el estado del mar, el nombre de un vecino que había muerto ese día. En un ejemplar de poesía encontró, a lápiz, la fecha en que ella se marchó del pueblo y, debajo, una sola palabra: «Lógico». Ainhoa se quedó un rato largo mirando aquella caligrafía apretada, intentando decidir si era un reproche o una absolución.

A partir de ese momento ya no pudo limitarse a clasificar. Cada libro se convertía en una puerta, y detrás de cada puerta había un Tomás que ella no había conocido: un hombre que se reía solo con las novelas de aventuras, que se indignaba con los ensayos de economía, que había leído tres veces el mismo libro de astronomía el invierno en que murió su madre. Descubrió que su hermano no había leído para no vivir, sino que había vivido, en gran medida, a través de lo que leía, y que en esa diferencia, sutil pero decisiva, cabía toda la distancia que los había separado.

Al final del mes, el ayuntamiento recibió casi tres mil volúmenes perfectamente catalogados. Faltaba uno solo, el de poesía, que Ainhoa guardó en su maleta sin dar explicaciones. En la última página, debajo de la palabra de su hermano, había escrito a lápiz otra, con una letra que, para su sorpresa, se parecía mucho a la de él: «Gracias».

  1. ¿Por qué vuelve Ainhoa a Puerto Albar?

  2. La frase «como si la memoria del cuerpo fuera más tenaz que la otra» sugiere que...

  3. El detalle de la llave bajo la maceta revela que Tomás...

  4. Con la frase «Lees para no vivir», Ainhoa le reprochaba a su hermano que...

  5. ¿Por qué tardó Ainhoa más de lo previsto en terminar la tarea?

  6. En este contexto, «absolución» se refiere a...

  7. ¿Qué sugiere el final del relato?

Parte 3: Reseña de libro

Lee la reseña y responde a las preguntas 15-20.

«Palabras sin oficio», de Julián Arteaga

Hay libros que nacen de una obsesión y otros que nacen de un duelo. «Palabras sin oficio», el nuevo ensayo de Julián Arteaga, pertenece a ambas categorías, y quizá en esa doble filiación residan tanto sus mayores aciertos como sus limitaciones más evidentes.

El punto de partida es sencillo: Arteaga, lexicógrafo de formación, se propuso recorrer durante tres años talleres, mercados y pueblos en busca de quienes todavía ejercen oficios en vías de extinción —toneleros, afiladores, cesteras, guarnicioneros— para registrar el vocabulario específico que muere con ellos. El resultado no es, sin embargo, un diccionario, ni pretende serlo. Es más bien un cuaderno de campo en el que las definiciones conviven con retratos, anécdotas y digresiones que, en sus mejores páginas, alcanzan una hondura poco habitual en el género.

Arteaga sabe escuchar, y eso se nota. Los capítulos dedicados a una cestera que nombra cada tipo de mimbre según la luz del día en que fue cortado, o a un viejo tonelero que distingue siete clases de crujido en la madera, tienen la intensidad de un buen relato. El autor se mantiene en un discreto segundo plano y deja que sean sus interlocutores quienes hablen, con una fidelidad a su sintaxis y a sus giros que resulta, por momentos, conmovedora. Se agradece, además, que eluda el tono folclórico: nadie en estas páginas es pintoresco; todos son, simplemente, personas que saben hacer algo que los demás hemos olvidado.

Donde el libro flaquea es en su vertiente argumentativa. Arteaga sostiene que cada palabra perdida supone una merma irreparable en nuestra capacidad de percibir el mundo, y que una comunidad que ya no distingue entre «veta» y «hebra» ve, literalmente, menos. La tesis es sugerente, pero el autor la enuncia más que la demuestra, y cuando intenta apuntalarla con referencias a la lingüística cognitiva lo hace de forma apresurada, casi como quien cumple un trámite. Al lector exigente le quedará la sensación de que el ensayista se ha dejado arrastrar por el cronista, y no siempre para bien.

Tampoco ayuda cierta tendencia a la elegía. Es comprensible que quien ha visto cerrarse tantos talleres escriba con melancolía, pero el libro tiende a presentar la desaparición de estos oficios como una fatalidad, sin detenerse apenas en los casos —que los hay, y el propio autor menciona de pasada— de jóvenes que están recuperando técnicas tradicionales y, con ellas, su léxico. Esa omisión no invalida el conjunto, pero le resta matices.

Con todo, sería injusto reducir «Palabras sin oficio» a sus debilidades. Pocas veces un libro sobre el lenguaje consigue transmitir con tanta claridad que las palabras no flotan en el vacío, sino que están ancladas a gestos, materiales y manos concretas. Quien lo lea difícilmente volverá a mirar un cesto o una barrica con los mismos ojos. Y eso, a fin de cuentas, es lo que cabe pedir a un buen ensayo: que nos devuelva el mundo un poco más nítido de lo que estaba.

  1. ¿Cuál es la valoración general del reseñista?

  2. ¿A qué se refiere «esa doble filiación» en el primer párrafo?

  3. ¿Qué elogia especialmente el reseñista?

  4. Según la reseña, el principal problema de la tesis de Arteaga es que...

  5. La expresión «como quien cumple un trámite» indica que el autor usa las referencias científicas...

  6. ¿Qué reprocha el reseñista en relación con los jóvenes que recuperan técnicas tradicionales?

Vista previa

Sobre este examen

Este test de comprensión lectora de español de nivel C2 incluye tres textos originales de unas 550-600 palabras cada uno: una columna de opinión, un relato literario y una reseña crítica de un libro. Sus 20 preguntas de opción múltiple evalúan la comprensión global, los detalles, las inferencias, la actitud del autor y el vocabulario en contexto. Está pensado para estudiantes avanzados que preparan el DELE C2 u otros exámenes similares, y para profesores que necesitan una prueba lista para usar con la que evaluar la lectura en el nivel de maestría.

Temas

Columna de opiniónNarración literariaReseña de libroInferencias y significado implícitoActitud y tono del autorVocabulario en contextoLenguaje figurado

Cómo usar este examen

  1. Descarga el PDF e imprímelo, o haz el examen en línea más abajo.
  2. Responde todas las preguntas sin diccionario y sin prisas.
  3. Comprueba tus respuestas y apunta los temas que debes repasar.

Notas para el profesor

Puede utilizar el test como examen cronometrado (unos 60 minutos) o trabajar una parte en cada clase como práctica de lectura intensiva. Muchos distractores son parcialmente ciertos o aparecen en el texto, pero no responden a la pregunta, como la cantidad de libros en la Parte 2 o los jóvenes artesanos en la Parte 3. Así, los alumnos se acostumbran a leer con precisión en lugar de buscar coincidencias de palabras. Como actividad de seguimiento, pida a los alumnos que escriban una breve réplica a la columna o una contrarreseña del libro, empleando los atenuadores y el lenguaje valorativo que aparecen en los textos.